El paisaje que presenta Pitigliano es increíble, el pueblo suspendido sobre la piedra caliza que surge entre los verdes valles. Se trata de una visión mágica.
Esto es así porque Pitigliano ha sido construido íntegramente en toba (piedra caliza, muy porosa y ligera, formada por la cal que llevan en disolución las aguas de ciertos manantiales), y se inserta en el paisaje Toscano de tal forma que es casi imposible separar la obra del hombre de la naturaleza.

El paisaje de Pitigliano queda grabado en los turistas por su singularidad: extendido sobre un acantilado en forma de medialuna, aislado por miles de años de erosión de los tres ríos que fluyen alrededor de su mura y sus fortificaciones del siglo XVI.
El asentamiento en la zona de Pitigliano es milenario. Hay documentos en el 2500 a. C. de pobladores en la Edad del Bronce, pero los vestigios de poblaciones humanas se remontan al Neolítico.





